Crónica de la Marató Barcelona 2013

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La aparición del mar en los terribles kilómetros 30 fue sensacional. Y la canción de Manel vino a mi y me acompañó un rato. Fue una sensación mental bella, "el mar, el mar...".


La vida es un aprendizaje.  Aunque sea un corredor veterano, con experiencia, seis maratones y 43 medias maratones, ayer domingo 17 de marzo de 2013, en Barcelona, he aprendido cosas nuevas. He tardado más de cinco horas en terminarla y en ese tiempo, eterno, he aprendido.

El reto era completar una maratón después de 14 años. Reto conseguido. Pero no era nada fácil. Salía de una lesión que me ha tenido sin entrenar unas tres semanas y la última he entrenado trotando para no arriesgar en volver a lesionarme. La última semana ha sido muy tensa, en la duda de hacer o no la maratón. Finalmente decidí hacerla pues si me quedaba en casa este domingo iba a tener un bajón mental enorme. Mejor estar en la carrera y decidir abandonar si había peligro en cualquier momento. Así que tomé la decisión de hacerla y he aprendido a dosificar en una situación extrema.

Los últimos meses del 2012 hice una pequeña base de entrenamiento. Desde la primera semana de enero 2013 me propuse seguir un plan de entrenamiento de 10 semanas. Cumplí las primeras seis semanas con una media de 67 km por semana. Con la lesión hice en las últimas 4 semanas una media de 14 km por semana, básicamente trotar la última pues las anteriores ni siquiera podía dar una zancada. Posible micro rotura fibrilar, contracturas, y sobrecarga en los gemelos, en particular el izquierdo. Cuatro sesiones de fisioterapia en las que hice acupuntrura, magnetoterapia, shiatsu, corrientes, masajes, y reposo total con hielo dos veces cada día.

El reto era por lo tanto complejo. Había que correr 14 años después con 4 semanas sin entreno anterior a la carrera. Lo sensato era buscar otra maratón y recuperar el gemelo. Pero la vida tiene esto de particular. Hay decisiones que parecen insensatas pero que en realidad están llenas de nuevas oportunidades de aprendizaje. Y eso es lo que hice, insisto, aprender.

Toda la carrera desde el inicio fue una constante operación matemática. La correcta visión de las pulsaciones, llevo un pulsómetro y reloj Garmin Furerunner 410, y el ritmo de carrera me permitían dosificar y calcular el tiempo que haría al final. Evitar el sobresfuerzo era vital, con 135 pulsaciones por minuto podía ir a un ritmo de 6:45 minutos el km y conseguí mantener esta situación los primeros 10 km. Después, hasta el km 20, las pulsaciones subían a 140 para mantener el mismo ritmo. Luego hacia los km 30 las pulsaciones subían hasta los 150 para ir a un ritmo de carrera que cada vez se hacía más lento. Estaba claro que pasaría de las cinco horas pero la incógnita era saber si la podría terminar.

Subí la Avinguda Paral.lel en 21 minutos, los que van desde el km 40 hasta los 42.195. Corriendo todo el tiempo, sin caminar. Aunque caminando hubiese ido más rápido.  Me gustaría ver ahora ese tramo en video. ¿Cómo puede alguien correr más lento que otro caminando? Es divertido imaginarlo. Precisamente ¡me pasó una corredora caminando!

He corrido en menos tiempo todas mis maratones anteriores, todas en los noventa, en 3h32 la más rápida, en Valencia 1996. Agregar más tiempo de sufrimiento es terrible. Durante la carrera he pensado en los tiempos que hacía en esa época diciéndome, "mira, ahora mismo ya había acabado la maratón de..."; también iba entretenido en pensar que después del km 21, todos los kilómetros siguientes eran 14 años después que los hacía, "mira, hace 14 años que no hacía 25, 35, 38 km...". 

Nunca había hecho esto.

En anteriores maratones mi cabeza iba muy justa en recursos. Recuerdo que en una, en el km 37 me dije a mi mismo, "Venga Héctor que para el 42 ya sólo faltan ..." y no era capaz de hacer la resta mental entre 42 y 37. En cambio ayer iba alegre, podía pensar en infinidad de cosas y hacer todas las operaciones matemáticas que hacían falta. Podía observar la arquitectura de Barcelona, que he retratado en mi cuenta en Instagram. Disfrutaba poder correr delante de edificios tan emblemáticos como La Pedrera o La Sagrada Familia de Gaudí, o la Torre Agbar de Jean Nouvel, o la maravillosa visión de la torre Diagonal 00 de Telefónica, del arquitecto Enric Massip-Bosh. La aparición del mar en los terribles kilómetros 30 fue sensacional. Y la canción de Manel vino a mi y me acompañó un rato. Fue una sensación mental bella, "el mar, el mar...".

Mientras que la cabeza brillaba en lucidez, en memoria, en observación, mi cuerpo era cada vez más pesado, y mis piernas cada vez más inútiles. Si en los primeros kilómetros hubiese ido más rápido, como les pasa a muchos, no hubiese podido llegar. Ese ha sido el gran cálculo en recursos que he tenido que hacer, para poder terminar. Crucé la meta sin nada en mí. Cuando me pusieron la medalla quise llorar, pero confieso que no tenía fuerzas ni para eso. 

Seguro que éramos muchos fantasmas del pasado de la maratón que estábamos en la carrera revisitándonos. Gente que ha corrido cuando esto era minoritario y hasta mal visto. Maratonianos que han vuelto en una época en que correr maratones tiene miles de adeptos y es muy popular. Ayer éramos 18.400 inscritos y acabaron poco más de 16 mil.  Quizás por eso volvemos. Conocí a uno que me dijo, sin saber mi historia, "tengo 62 años, la última maratón que corrí la hice en el 92, y hago esta por última vez porque le he prometido a mi nieto regalarle la medalla que me darán al final, si acabo". No lloré allí mismo para economizar energías para mi propio cometido.

En la Avinguda Diagonal, al inicio, entre el km 7 y el 8, me encontré con Emilio Sisquella, que me esperaba para acompañarme un rato sin estar previsto de antemano. Emilio hizo conmigo mi primera maratón, la de Barcelona en 1994. Este rato corto con él me trajo un gran entusiasmo y le dió continuidad a mi experiencia reiniciada. Como si fuera un guión cinematográfico, en una carrera, se desarrollaban desenlaces llenas de vida. 

Subiendo en la Meridiana, un tramo largo y pesado, hacia el kilómetro 20, iba ya pensando de que en la media, en el 21.095, decidiría si abandonaba o ya me decidía a terminarla como sea; es un tramo en el que los corredores que van ven a los que ya vienen, de vuelta, por la misma calle. De pronto, en décimas de segundo, vi nada menos que a mi ídolo, a Martín Fiz, campeón europeo de maratón en el 1994, justo el día en el que nacía mi hijo Lucas. Iba en el pelotón de las cuatro horas con la liebre, y es el tiempo que hizo, 4:05. Enseguida decidí que haría la segunda media maratón detrás de Martín Fiz aunque tardé más de una hora que él en cruzar la meta. 

Seguimos.






4 comentarios:

Albert Garcia Pujadas dijo...

Grande Héctor

Enhorabuena por tu rentrée al lado maratoniano de la vida. Dejaste pasar 14años pero has mantenido el punto de locura y la determinación, intactas. Tu gesta confirma aquello de "el sufrimiento es temporal, la gloria eterna". Un fuerte abrazo. Albert

biel dijo...

Muy bien Hector, soy Biel54 de corredors.cat, me saludaste en la Gran Via, km 13-14, te diste a conocer, yo recordaba tu nick, pero no concretamente lo que hablaba el hilo.
Te felicito por no rendirte y terminar el maratón, sigue asi y seguro que coincidimos otra vez y podremos compartir muchos kms juntos.

Biel

Sabrià dijo...

Enhorabuena Héctor!!! uufff!! maratoniano, de nuevo. Reto desbloqueado!!! Felicidades, seguro que Lucas está muy orgulloso...aunque no tanto como tú :-)

Ramon Beltra dijo...

Felicidades Hector, el año que viene a rebajar marca !